En medio de una crisis existencial, en 2019, solicité admisión a la Escuela de Teología de la Universidad de Boston, afiliada a la Iglesia Metodista Unida. Boston es una ciudad progresista y sus instituciones religiosas no son la excepción. Mi orientación sexual como hombre gay no solo era aceptada, sino celebrada.

Carta de admisiones a la Escuela de Teología de la Universidad de Boston

Aunque la escuela está afiliada a una denominación protestante histórica, recibe estudiantes de distintas tradiciones religiosas, incluyendo quienes no tienen afiliación. Yo estaba en ese último grupo.

La Escuela de Teología de la Universidad de Boston no es cualquier institución. Ha sido un semillero de figuras clave en la historia de los derechos civiles en Estados Unidos, como Martin Luther King Jr., James Lawson y Cornell William Brooks. No era un seminario de marquesina, sino un lugar con peso histórico y político.

Más allá de mis credenciales académicas, tuve que escribir un ensayo explicando por qué buscaba admisión. Sin embargo, el proceso no terminó ahí. El comité de becas me envió siete preguntas para escoger tres y responderlas en un video de tres minutos.

Querían saber cómo pensaba y cómo articulaba las ideas. Finalmente, me admitieron. Para ese tiempo, yo era líder de una comunidad de bajos ingresos donde vivía y eso también me sirvió como credencial.

El rigor académico fue brutal. Sin embargo, más que eso, lo que marcaba la diferencia era la estructura del programa. No importaba tu trasfondo ni tu etapa de vida, tenías que aprobar cursos introductorios en historia del cristianismo, Biblia Hebrea y Nuevo Testamento antes de avanzar a otros cursos no religiosos.

Ahí fue cuando comencé a ver la diferencia entre la escuela bíblica dominical y la realidad histórica del cristianismo.

Aprendí que Moisés no escribió el Pentateuco, a pesar de lo que enseña la tradición. Lo que hay detrás es un texto compuesto por distintas voces que reflejan momentos históricos diferentes, cada una con su manera de entender y nombrar a Dios. En lugar de un autor único, aparece una conversación a lo largo de siglos.

Por eso, Dios no siempre suena igual, ni actúa igual. A veces es cercano y humano. En otras es distante, legislador, iracundo y hasta destructor. En la escuela dominical te presentan una narrativa continua, pero no fue así.

Y después del Pentateuco viene el libro de Josué donde Dios pide invadir a la ciudad de Ai, destruir, matar a sus habitantes y hacer sacrificios. Esa es la base de las guerras santas que se han librado a través de la historia.

Al mismo tiempo, estaba estudiando las controversias doctrinales y las divisiones de la iglesia primitiva. ¿Era Cristo divino o humano? ¿Las dos cosas? ¿En qué proporción? ¿Dios era uno, dos o tres? ¿El Espíritu Santo era una fuerza, presencia o persona?

Las doctrinas que los cristianos hoy dan por sentado no estaban resueltas desde el principio. Se trató de un andamiaje que implicó concilios, herejías y divisiones.

¿Siente usted a Dios ahora? Puede ser. Sin embargo, lo que siente tiene que ver con biología, emociones, el lenguaje que aprendió y la comunidad que le enseñó esa experiencia.

Eso no significa que sea falsa, sino que no es prueba suficiente por sí sola. Hay personas de tradiciones distintas que reportan sensaciones igual de intensas. Si usted cree en eso, el sentimiento será una confirmación, pero no establece la verdad.

La historia del cristianismo se basa en hechos que ya ocurrieron y pueden estudiarse a través de evidencia y documentos. En cambio, la experiencia espiritual es personal y puede ser real para quien la vive, pero no es comprobable por métodos objetivos.

Por esa razón, decidí darme de baja. Y por ética, devolví los reembolsos de las becas. Alguien más puede aprovechar esa oportunidad mejor que yo. La Escuela de Teología apostó por mí con recursos que no me correspondía retener.

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